Arrullo, entrega 6: Dime que no es él

Arrullo — Expediente LN-36, entrega 6 de 8: Dime que no es él.

Arrullo — Expediente LN-36 · Entrega 6 de 8. Índice del expediente

¿Llegas tarde? Empieza por la entrega 1.


Pieza 9 — Notas de voz de Frank Mercer (4, 5 y transmisión en vivo)

NOTA DE VOZ 4

Fecha: 13/03/2036 · Hora: 23:36 · Duración: 00:11:20
Origen: terminal de F. Mercer · Destino: contacto de seguridad · Cifrado: sí

[Aire acondicionado. Frank respira hondo antes de empezar.]

FM: Día tres.

Hoy empezamos con más cuidado. Don Carlos insistió en que no llegara solo a su casa. Un conocido suyo me recogió en El Mirador, sobre la vía a Esmeraldas, en una camioneta que olía a gasolina y a cacao. No me dijo su nombre. Yo tampoco le pregunté. Me llevó a una finca pasando Chucaple Adentro, y ahí subió don Carlos. La idea era que nadie me viera ir directo a buscarlo. Que pareciera que iba con un conocido, en un carro conocido, a cualquier lado.

De ahí fuimos a Zazara.

[pausa, 4 s]

Don Carlos me presentó a la familia Chichande. Casa de bloque, sin pintar. La madre en la puerta, el padre sentado adentro, sin levantarse. Un altarcito en la sala con una foto, una vela y una camiseta de fútbol doblada.

El hijo se llamaba Anderson. Veintidós años. Fue él quien sacó a Daniel en moto la noche del tres, rumbo a Quinindé.

No pudo contármelo. Lo encontraron muerto el cinco, en La Unión.

El muchacho del parte. El que anoté sin saber por qué.

[pausa, 7 s]

La familia no quiso, o no pudo, darme detalles de cómo murió. Solo que lo encontraron ahí, en La Unión, pasando Quinindé, ya en la vía a Santo Domingo. La moto no apareció.

Te digo lo que sé y lo que no. La Unión queda al otro lado de Quinindé. Si Anderson llegó hasta ahí, pasó por el pueblo. Si Daniel iba con él, Daniel también pasó, y salió con vida de Chucaple, y llegó más lejos de lo que yo creía.

Pero no sé si Daniel iba con él cuando lo mataron. No sé si lo dejó en Quinindé y volvía solo. No sé si lo agarraron juntos. Solo sé dónde apareció un muchacho de veintidós años que le hizo un favor a mi amigo.

[pausa, 5 s]

La madre me pidió que, si encontraba a Daniel, le dijera que Anderson no le cobró nada. Que no quiso cobrarle.

No supe qué contestarle.

[pausa, 8 s]

Mientras estábamos ahí, pasó un dron. No alto como el de anoche. Bajo, encima de la casa. Se quedó quieto un rato. Todos se callaron. El padre cerró los ojos. Yo conté los segundos sin querer. Cuarenta y uno. Después se fue hacia el río.

Nadie dijo nada. Como cuando pasa un camión.

[pausa, 4 s]

Pero Zazara tenía algo más.

Unas casas más allá vive la señora María Eugenia. La matriarca, le dicen. Bisabuela. Me recibió sentada, con las manos en las rodillas, y me habló de su bisnieta. Dora.

Dora murió. No de un balazo, no de un accidente. De lo que la señora llama, sin palabras técnicas, «una falla». Lo dijo así: «Se le fue fallando por dentro».

Nació en el mismo centro de Viche. Mismo aparato a las tres semanas. Mismo papel. La señora puso su huella de testigo, porque no sabe escribir. Me enseñó el pulgar.

Los primeros meses, nada. Después, el año pasado, empezó a tartamudear. Unos tics en la cara que todos tomaron por nervios de niña. Después, en menos de dos semanas, se derrumbó todo. Dejó de hablar. La llevaron a Quito. Los médicos de allá dijeron muerte cerebral. Murió en un hospital de la capital, el seis de diciembre, lejos de su tierra, conectada a otras máquinas, que llegaron tarde.

Tenía dos años.

[pausa, 10 s]

María Eugenia no lloró al contarlo. Creo que ya no le quedan lágrimas para esa historia. La contó con la voz plana de quien ya la ha contado muchas veces.

Cuando terminó, mientras pasaba el dron, ella no bajó la voz. Fue la única.

[pausa, 5 s]

Ahora es de noche y te hablo desde el mismo cuarto de siempre. Pero tengo algo que ayer no tenía: un rumbo.

Mañana voy a La Unión.

Espero encontrar algo más que otra tumba.

[Fin de la grabación]

NOTA DE VOZ 5

Fecha: 14/03/2036 · Hora: 22:18 · Duración: 00:09:44
Origen: terminal de F. Mercer · Destino: contacto de seguridad · Cifrado: sí

[Sin aire acondicionado. Silencio de cuarto cerrado. Frank habla más bajo que otras noches.]

FM: Día cuatro. Cambié de hotel. Ahora te explico.

Fui a La Unión en la mañana. Bus hacia Santo Domingo, veinte minutos pasando Quinindé. No tuve que preguntar dónde lo encontraron. Al borde de la vía, entre la cuneta y un potrero, hay una cruz de palo pintada de blanco. Flores de plástico. Una foto en una funda transparente, ya empañada por dentro. Anderson, con la misma camiseta del altar.

Me quedé ahí un rato. Pasaban camiones y la cruz temblaba.

[pausa, 5 s]

Enfrente hay una vulcanizadora. Un techo, un compresor, llantas apiladas, un señor de unos sesenta sentado en un balde. Me vio desde que bajé del bus. Cuando crucé, ya estaba mirando para otro lado.

Le pedí que me revisara una llanta que no tenía. Se rio sin ganas. Le dije que era amigo del gringo. Dejó de reírse.

Tardó. Tardó mucho. Miró la carretera para los dos lados, miró arriba. Y después habló rápido, sin mirarme, como quien se quita algo de encima.

La noche del tres él estaba cerrando. Llegó una moto con dos, desde Quinindé, rápido. Detrás, una camioneta sin placas, vidrios oscuros. Y arriba, una luz. Quieta. Siguiendo a la moto.

La camioneta se le cruzó a la moto ahí mismo, frente a la cruz. Se bajaron tres. Al muchacho lo bajaron de la moto a golpes. Al gringo no.

Al gringo lo subieron a la camioneta vivo. Y esto me lo dijo dos veces, porque fue lo que más le llamó la atención:

«Le cuidaron la cabeza, señor. Al subirlo. Le pusieron la mano encima de la cabeza, como hace la policía. Como si la cabeza fuera lo que valía».

[pausa, 9 s]

Lo que le hicieron al muchacho no me lo quiso contar. Solo dijo que a él también lo subieron, atrás, sin cuidarle nada. Que la camioneta arrancó hacia Santo Domingo, con la luz encima. Y que como a la media hora la oyó pasar otra vez, de vuelta hacia Quinindé, rápido, con la luz todavía encima. Y que dos días después, en la madrugada, el muchacho apareció otra vez ahí, donde ahora está la cruz. Lo devolvieron al mismo lugar. Como un mensaje. La moto nunca volvió.

Le pregunté por qué no habló con la policía.

Me miró como si le hubiera preguntado por qué no se tira a la carretera.

Me dijo que me fuera. Que ya me habían visto. Que esa luz no se apaga nunca.

[pausa, 6 s]

Esperé el bus de regreso en la parada, del otro lado. Diez minutos después paró una camioneta. No la de esa noche, o no sé. Gris, nueva, vidrios oscuros. Se bajó un hombre. Treinta y tantos, camisa limpia, gorra, buenas zapatillas. Educado. Muy educado.

Me ofreció llevarme a Quinindé. Le dije que estaba esperando el bus.

Me dijo: «Como guste, Frank».

Yo no le había dicho mi nombre.

Me dijo que mi hotel quedaba a la vuelta del parque, ¿cierto? Que era un buen hotel. Que no saliera después de las diez, que la zona es peligrosa para los turistas. Sonrió. Y me dijo: «Aquí ya no hay nada que buscar, míster. Su amigo se fue».

Su amigo se fue. No dijo «se murió». Dijo «se fue».

[pausa, 7 s]

Te digo lo que vi.

El que manejaba no se bajó. En el asiento de atrás había otro con un control colgado del pecho, con antena plegada, como los que usábamos en el frente. Tenía los ojos en una pantalla. No miró ni una vez hacia afuera. No le hacía falta. Bajó la ventana un segundo para decir algo por radio: «Listo, lo tengo».

El educado no se subió. Le dio dos golpecitos al techo y le dijo al que manejaba: «Dale, parce». La camioneta se fue y él se quedó ahí, en La Unión, a mi lado en la parada, mirando la carretera como si esperara el mismo bus.

Los dos, el educado y el del control, tienen el mismo acento. Ese acento lo conozco. No es de aquí. Es colombiano.

Cuando por fin llegó el bus, me subí. Él no. Por la ventana lo vi cruzar la carretera, despacio, hacia la vulcanizadora.

[pausa, 6 s]

No me bajé.

En Kabul tampoco me bajé.

[pausa, 5 s]

Cuando la camioneta se fue, el zumbido se quedó. Arriba. Me acompañó todo el camino hasta Quinindé, encima del bus.

Los Arrechos. Daniel los nombró en su último mensaje. Ahora les vi la cara.

[pausa, 4 s]

Así que cambié de hotel. Sin aire acondicionado, porque quiero oír. No sé si sirve de algo. Si saben mi nombre, saben dónde duermo.

Lo que el señor de la vulcanizadora me dio vale más que todo lo demás: a Daniel se lo llevaron vivo. Lo cuidaron. Lo necesitaban entero.

Y yo ya no sé si eso es una buena noticia.

[pausa, 6 s]

Si mañana no llega la nota, ya sabes qué hacer. Si llega y no suena a mí, también.

[Fin de la grabación]

TRANSMISIÓN EN VIVO

Fecha: 15/03/2036 · Inicio: 01:41 · Duración: 00:14:57
Origen: terminal de F. Mercer · Destino: contacto de seguridad · Modo: canal abierto (audio + telemetría) · Cifrado: sí
Nota del archivo: esta es la única transmisión en vivo. Las marcas de tiempo son del propio canal.

[00:00:04] [Respiración. Un pitido corto, electrónico, que se repite dos veces.]

FM: (susurro) Si me oyes, no cortes. No contestes. Graba.

Sensor de la escalera. Dos veces. Alguien subió y se quedó quieto en el descanso.

[00:00:21] [Zumbido de motor eléctrico, muy cerca. Un clic.]

FM: (susurro) Mi dron está en la terraza desde la tarde. Térmica. Lo estoy viendo en la pantalla.

Cuatro. Dos en la escalera. Uno en el patio, junto al tanque. Uno en la calle, en una moto, con el motor apagado. Y arriba, uno de ellos. El suyo. Quieto a treinta metros.

[00:00:48] [El aire de la calle se corta. Silencio total de red eléctrica: la nevera del pasillo deja de zumbar.]

FM: (susurro) Cortaron la luz de la cuadra.

Bien. Ahora estamos en lo mío.

[00:01:10] [Golpe seco contra una puerta. Otro.]

VOZ 1: (desde el pasillo, acento colombiano) ¡Frank! ¡Tranquilo, parce! Nadie le quiere hacer daño. Lo están esperando.

FM: (susurro) Es el educado.

[00:01:19] VOZ 1: ¡Y cuídenle la cabeza al gringo, ¿oyeron?! ¡La cabeza no!

[pausa en la respiración de Frank, 3 s]

FM: (susurro) Igual que a Daniel.

[00:01:31] [La puerta cede. Madera que se astilla. Dos pasos. Un disparo, muy fuerte, dentro de la habitación. Un grito. Otro disparo.]

[00:01:34] [Viento. Frank respira por la boca. Algo metálico raspa: una canaleta, un techo.]

FM: Le di en la pierna al primero que entró. Está en el suelo. El otro se tiró al pasillo. Salí por la ventana. Estoy en el techo de la casa de al lado.

[00:01:52] [Zumbido agudo, cada vez más cerca, desde arriba.]

FM: Su dron me encontró. Viene bajando. Los ojos de ellos son eso.

Voy a cegarlo.

[00:02:03] [Un segundo zumbido, distinto, más grave, acelerando. Un choque de plástico y metal en el aire. Algo cae sobre una lámina, rebota, se calla.]

FM: (sin aire) Lo bajé con el mío. Los dos al suelo. Se quedaron ciegos. Yo también.

[00:02:20] VOZ 2: (desde el patio, acento colombiano) ¡Se fue por arriba! ¡Por los techos!

VOZ 3: (radio, distorsionada) … sin imagen… perdimos el pájaro… ¿dónde está el gringo?…

[00:02:41] [Frank salta. Golpe sordo contra tierra. Un quejido corto.]

FM: Callejón. El tobillo aguanta. El brazo… algo en el techo. No es nada.

[00:03:05] [Pasos que corren sobre agua. Una linterna. Gritos lejanos que se acercan.]

FM: (susurro) Viene uno. Solo. El de la moto, creo. Linterna en la izquierda, arma en la derecha. Mira los charcos. Sigue la sangre.

[00:03:40] [Silencio. Gotas que caen de un techo. Respiración de Frank, controlada, contando.]

[00:03:58] [Forcejeo. Un golpe. La linterna cae y rueda. Un disparo que pega en metal. Otro disparo, distinto, más cerca del micrófono. Alguien se queda sin aire. Silencio.]

[00:04:20] FM: (jadeando) Disparó primero. Falló.

Yo no.

[pausa, 4 s]

FM: No se mueve. Se acabó.

Tiene un control colgado del pecho. Es el del asiento de atrás. El del radio. Joven. Más joven que los que entrenábamos en la Legión.

Le quité el arma y el teléfono.

[00:04:37] [Sonido de tela, de un cierre. Una pantalla que se enciende: un tono de desbloqueo.]

FM: El teléfono está desbloqueado. Lo tenía en la mano cuando entró al callejón.

Hay videos.

Están en una carpeta aparte. Le llegó esta tarde. Se llama «Para el gringo».

Me estaban esperando con esto.

[00:04:52] [pausa, 6 s]

FM: (muy bajo) … Daniel.

[00:05:01] VOZ 1: (lejos, gritando) ¡Frank! ¡No se complique! ¡Usted ya lo vio, ¿cierto?! ¡Él está bien! ¡Está mejor que nunca!

[00:05:12] [Motor de moto que arranca. La moto del callejón: Frank la encontró.]

FM: Me llevo la moto. Me llevo el teléfono. Los videos te los mando en cuanto tenga señal y un lugar donde no me vean.

[00:05:30] [Motor acelerando. Viento fuerte. El zumbido de otro dron, lejos, que se acerca y se pierde. Durante varios minutos, solo motor y viento.]

[00:12:44] [El motor se apaga. Ranas. Agua corriendo. Selva.]

FM: (susurro) Estoy fuera del pueblo. No te digo dónde. Si te lo digo, también lo saben ellos.

El brazo sangra menos.

[00:13:30] FM: Escúchame bien. Lo que acabo de ver en ese teléfono… [pausa, 5 s] … no sé cómo contártelo todavía. Te lo mando. Míralo tú. Y después dime que no es él.

Dime que no es él.

[00:14:41] [Zumbido, muy lejos, en el cielo.]

FM: (susurro) Corto. Ellos también escuchan.

[00:14:57] [FIN DE LA TRANSMISIÓN · cortada por el origen]

Anexo D — Los videos del teléfono

Traducido del inglés

Tres archivos de video que F. Mercer envió el 15/03/2036 a las 04:12, desde un teléfono que no era el suyo. Los originales están en esta carpeta. Las descripciones son mías. Las escribí para no tener que volver a verlos.

VIDEO 1

Archivo: VID_20360304_0217.mp4 · Duración: 00:01:48 · Grabado desde un dron (vista aérea, cámara nocturna)
Fotograma nocturno en verde tomado desde un dron: un edificio de una planta en un claro de la selva, una camioneta, tres figuras junto a la puerta de servicio y, encima, un letrero iluminado con una luna dormida sobre una cuna.
Fotograma del video 1.

Vista desde arriba, en blanco y verde. Una camioneta entra por un camino de tierra y se detiene en la parte de atrás de un edificio de una planta. Sobre la puerta de servicio hay un letrero iluminado: una luna dormida encima de una cuna.

Se abre la puerta. Salen dos personas con ropa quirúrgica, sin logotipos. Bajan de la camioneta a un hombre con una capucha de tela y las manos atadas por delante. Camina. Está consciente. Tropieza una vez y lo sostienen.

Uno de los de ropa quirúrgica le pone la mano encima de la cabeza al pasar por la puerta. Se oye una voz, sin acento reconocible:

«Bring him in. Careful with the head». («Métanlo. Cuidado con la cabeza».)

La puerta se cierra. El dron se queda quieto sobre el techo hasta que termina el video.

VIDEO 2

Archivo: VID_20360305_1103.mp4 · Duración: 00:03:26 · Grabado con teléfono, a través del vidrio de una puerta

No lo vi entero. Lo describo hasta donde pude.

Una sala blanca, muy iluminada. Una camilla. El hombre de la capucha ya no la lleva: es Daniel. Tiene la cabeza afeitada y sujeta a un marco de metal. Tiene los ojos abiertos. Está despierto.

Alrededor hay cuatro personas con ropa quirúrgica y una pantalla grande con un mapa de colores que cambia cuando él habla.

Daniel grita. No grita de dolor, o no solo de dolor. Grita nombres. Al principio no los entendí. Después sí: son los nombres de su reportaje de Kabul. Los de la gente del otro lado de la reja. Los dice uno detrás de otro, en orden, como si los leyera.

Cada vez que dice un nombre, una zona del mapa se enciende. Alguien en la sala toma nota.

A los dos minutos, una voz en chino, tranquila:

«继续。他的信号很好。» («Continúen. Su señal es muy buena».)

Daniel deja de gritar los nombres. Dice otro. El de Frank. Lo repite tres veces.

Ahí dejé de mirar.

VIDEO 3

Archivo: VID_20360313_1648.mp4 · Duración: 00:00:52 · Grabado con teléfono, en exteriores

Un claro en la selva. Lonas verdes entre los árboles, un generador, cajas apiladas, tres drones grandes en el suelo, de los que cargan cosas. Hombres armados que pasan sin mirar a la cámara.

En el centro, de pie, Daniel.

Afeitado. Ropa limpia. El pelo empieza a crecerle y tapa una línea fina detrás de la oreja izquierda. Está tranquilo. Tiene buen color. Parece descansado, como no lo parecía en ninguna foto de los últimos dos años.

Mira a la cámara y habla con una voz pareja, sin la prisa de siempre:

«Frank. Sé que estás aquí. Vete a casa. Estoy bien».

Pausa de dos segundos, demasiado exacta.

«Estoy mejor que nunca».

Después, antes de que se corte el video, Daniel levanta la mano derecha a la altura del pecho y hace un gesto en el aire: un deslizamiento, un toque entre el índice y el pulgar, una rotación de la muñeca. Como si consultara algo que solo él puede ver.

Sigue moviendo los labios cuando ya no se oye nada.

[Nota de quien arma el expediente:] Vuelve a leer el artículo de Shenzhen. El párrafo de los gestos.


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